Cuando estaba en la universidad me di cuenta que hacer deporte era importante. Junto a una alimentación sana, puede darte muchísimos años extra de vida. Años de estar con hijos, nietos. De disfrutar las cosas que te gustan. De poder llegar activo a una edad mayor.

Pese a que tomé 7 cursos deportivos en la universidad, nunca fueron lo suficientemente intensos y regulares como para que me formaran un hábito. Terminaba el semestre y terminaba el deporte. Me acostumbraba a ir a la universidad, tener la cancha o la sala de gimnasio, y a que un profe me dijera lo que tenía que hacer. Si me sacabas esos elementos, me quedaba en nada.

En el fondo, yo sabía que la solución real para integrar el deporte a mi vida era meterlo en mi rutina diaria constante. Que fuera parte obligada de mi día.

Pero la universidad es tan variable. Cada semestre cambian los ramos. Cambian los horarios. Algunos días te puedes despertar a las 11, otros máximo a las 7. Imposible armar una rutina regular.

Por eso yo suponía que cuando empezara a trabajar, todo iba a ser más fácil. En la pega, de lunes a viernes es siempre igual. Al menos en términos de horarios.

Pero no lo hice. Por alguna razón, cuando empecé a trabajar no logré ser lo suficientemente constante. Cometí el típico error de meterme al gimnasio por algunos meses, pero dejé de ir. Nunca supe bien por qué. Quizás porque soy tímido y no me gustaba interactuar con la gente que iba a la misma clase que yo. Quizás porque sentía que el grupo dentro de la clase ya estaba formado y yo era un outsider. O quizás de pajero no más. En fin. Fallé.

Un día, durrante una crisis existencial, me cuestioné qué era lo que realmente estaba buscando con el deporte. Hasta ese minuto había buscado “hacer deporte” porque es lo que decían que había que hacer. Quería ser más sano. Pero no tenía idea qué significaba eso.

Decidí setear una métrica: mi objetivo era bajar de cierto porcentaje de grasa corporal y mantenerme para siempre bajo ese porcentaje. Tener una cantidad de grasa corporal saludable reduce el riesgo cardiovascular. Y junto con el cancer, esas enfermedades son las que causan más muertes.

Ok. Cómo lo logro.

Necesitaba tres cosas:

  1. Formar un hábito. Ya había fallado lo suficiente como para mentirme a mí mismo. Ya me había dicho “ya, si voy a hacer deporte cuando tenga ganas, con eso basta”. Not. Sabía que existían libros que hablaban de cómo formarse un hábito eficientemente. En esa búsqueda, me topé con una app. Fabulous. Estaba hecha para lo que yo necesitaba. Te guía en el proceso de formar hábitos saludables. Pero muy narrada. Muy humana. No sé bien cómo lo logran. Me encantó. 5 estrellas y suscrito.
  2. También necesitaba hacer un deporte que quemara suficiente grasa. Habían dos alternativas principales: HIIT o correr. El HIIT (high intensity interval training) me tincaba pero no sabía cómo empezar. Me tincaba muy intenso para formarme el hábito. Iba a abandonar. Quedar traumado. Correr era menos intenso. Sí, mejor correr.
  3. Tenía que eliminar las posibles barreras. Para salir a correr no necesito prácticamente nada ni a nadie. Una app que te vaya diciendo cuánto has corrido. Unas zapatillas. Audífonos para escuchar música. Listo. Lo puedo hacer en cualquier lado. Si me cambio de casa, da lo mismo que el gimnasio me quede lejos. Con correr eliminaba muchísimas posibles excusas. Súmale que Fabulous tenía un programa para formar el hábito de ejercitar que involucraba correr.

Listo.

Inicio

Pero empecé más suave aún.

Fabulous te arma y recuerda una rutina mañanera. Primeros días: acostúmbrate a tomar un vaso de agua al despertar. Después, hazte un buen desayuno. Y así. Va metiendo los hábitos de a uno, de manera muy lenta. Te va felicitando en el camino.

En el fondo, aplican todo lo que dice la ciencia que ayuda a la formación de hábitos. Y lo hacen espectacular.

Por el lado del ejercicio, la app sugirió que durante un par de semanas lo único que tenía que hacer era 10 abdominales.

“¿Eso no más? Fácil igual. Démosle.”

Lo hice. Tampoco es que me sintiera muy bien conmigo mismo. Eran 10 abdominales al día no más.

A las 2 semanas, cambiaba a hacer una mini rutina de 7 minutos. Involucraba jumping jacks, algunos abdominales, sentadillas, push ups… pero igual suave. En 7 minutos estabas listo. Y te ponía una música muy divertida.

Lo hice bien. Creo no fallé ningún día de la semana como por 1 mes.

Tampoco era muy complicado.

Corriendo

Hasta que llegó el momento de correr.

Para mi (no tan) sorpresa, me dijeron que corriera una vuelta a la manzana para empezar. Literal 5 minutos. Así por 1 semana.

Es bien difícil no empezar si te piden que corras tan poco. Además, ya estaba haciendo calor, entonces el frío mañanero no era impedimento.

Después empezó a subir un poco. 7 minutos, 10 minutos, 15 minutos.

Ya estabamos en algo más serio.

La app me propuso que para mejorar mis probabilidades de éxito, tenía que dejar mis zapatillas y ropa de correr listas la noche anterior. También tener un “totem” que me recordara por qué estaba haciendo esto. Lo tenía que ver al despertar. Por alguna razón elegí un reloj con luces de totem, y puse mis zapatillas de correr encima de una caja naranja a la mitad de la pieza. Mi polola lo odiaba. A mí me daba risa.

No cacho si ver esa caja naranja al despertar me sirivió de algo, pero seguí.

20 minutos, 25, 30. Ya llevaba varios meses corriendo.

Y derepente, el programa se acabó.

Y seguí corriendo.

Salía por inercia. Era parte de mi rutina. Si no lo hacía, se sentía mal, incorrecto.

Empecé a salir a las 7 de la mañana aunque hicieran -2 grados. No podía abandonar mi rutina.

Empecé a hacer un programa para preparar los 10K. Corrí 10K en 50 minutos. Bastante bien.

Intenté preparar dos veces la media maratón, pero un par de lesiones no me dejaron hacer la carrera.

Cuarentena

La cuarentena mandó todo a la cresta.

Estaba preparando por tercera vez la media maratón. Sin lesionarme. Y se canceló todo por el covid-19.

Ya no podía salir a correr por un rato largo.

Me había ido a vivir con roomies hace poco. Les dio ganas de hacer ejercicio. Pero son de los que se despiertan tarde. Imposible levantarlos a las 7 am a hacer algo.

Empezamos a hacer deporte en las tardes. HIIT con una app de Nike.

Por alguna razón, no me costó nada pasarme de hacer deporte de la mañana a la tarde. Quizás mi cuerpo simplemente lo necesita. Es un elemento de mi salud mental.

Si a mis roomies les da lata hacer deporte un día, yo hago solo. Subo a la azotea del edificio (que nadie usa), y hago cuerda o algo por el estilo. Necesito hacer ese check diario.

Igual descanso algunos días. Si tomé suficiente alcohol el día anterior, no me dan ganas de salir.

Pero ya no me cuesta retomar. Es parte de mi vida.

Qué saco en limpio

Tienes que empezar muy de a poco. Que sea muy difícil no hacerlo. Hacer 10 abdominales es muy fácil y muy rápido. Fue un buen inicio.

Aumenta la intensidad de a poco. Que no se note tanto el cambio en el día a día.

Al principio, elimina toda posible barrera. Si te metes al gym, vas a tener hartas excusas: cómo me voy, “hace mucho frío hoy día”, “me da lata viajar en metro”, “voy a tener que arreglarme un poco antes porque va a haber más gente”, etc, etc. La gracia que tenía correr es que solo me necesitaba poner las zapatillas y salir a la calle. Nada más. Bueno, para qué hablar de los abdominales. Menos esfuerzo aún.

Cuando ya tienes el hábito formado y es parte de tu vida, adaptarte frente a los cambios se hace más fácil. Yo cambié el horario de la mañana a la tarde y el tipo de deporte. No me costó.

Y si por alguna razón no pudiera ejercitar más en las tardes, seguro encontraría la forma de hacerlo en el almuerzo. Ya no imagino mi vida sin hacer actividad física a diario.